En el capítulo 14 de libro de Génesis, es donde por primera vez se menciona el diezmo; cuando Abraham se los entrega a Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra. El pasaje bíblico nos permite saber, primero, que el diezmo no fue instituido para Israel, Melquisedec los recibió porque era ya una práctica institucionalizada antes del origen de Israel. También podemos ver en el texto que el diezmo esta ligado al sacerdocio; es en su condición de sacerdote, que a Melquisedec le son entregados los diezmos; pero, además, es administrador de un sistema monárquico, es rey.

En el orden Aarónico (núm. 4:27) la administración de los diezmos estaba a cargo de los levitas, no de los sacerdotes directamente, leemos en las escrituras:

“Entonces mandó Ezequías que preparasen cámaras en la casa de Jehová; y las prepararon. Y en ellas depositaron las primicias y los diezmos y las cosas consagradas, fielmente; y dieron cargo de ello al levita Conanías, el principal y Simei su hermano fue el segundo. Y Jehiel, Azazías, Nahat, Asael, Jerimot, Jozabad, Eliel, Ismaquías, Mahat, y benaía, fueron los mayordomos al servicio de Conanías y de simei su hermano, por mandamiento del rey Ezequías y de Azarías, príncipe de la casa de Dios.” (2 Crónicas 31: 11-13).

Citado en extenso para evidenciar que en el orden de Melquisedec y en el Aarónico, el sistema funcional es similar y que el diezmo no era administrado por el o los sacerdotes, sino, al menos por 12 personas. Una especie de comisión, junta, o departamento de finanzas.

Otro aspecto que se desprende del texto citado es que era necesario un sistema administrado por los levitas, por cuanto lo que recibían en los alfolíes que eran graneros donde se guardaban grandes cantidades de alimentos, debían distribuirse para el mantenimiento de los sacerdotes, de todos los levitas e integrantes del pueblo de las otras once tribus que estuviesen en situación de vulnerabilidad, como las viudas y los huérfanos.

Es casi un deber a estas alturas, contextualizar Malaquías 3:10:

“Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

En el escrito de Malaquías, Jehová invita a los Israelitas a llevar los diezmos (en alimentos) para que “haya alimento en su casa”, entendiendo por su casa, no el templo, ni sólo para los sacerdotes que allí ministraban, porque obviamente, era mucho alimento, más bien para su pueblo con quienes el habitaba. No se los pide como una obligación o un deber, es una invitación, en la que además los invita a probarlo a Él, no era una prueba de fidelidad para ellos. Tristemente, en algunos casos ha llegado a imponerse como una prueba de fidelidad, en donde por ejemplo quien no diezma, no puede ser nombrado en determinado cargo, cuando ni siquiera se debería saber en una congregación quien y cuanto diezma y quien no:

“Más cuando tu des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mateo 6:3, 4).

Hay sistemas de control organizacional sencillos que permiten probar la entrega y uso de valores resguardando la privacidad del feligrés.

Los diezmos, como hemos visto, no eran para uso exclusivo de los sacerdotes, no debe entenderse, entonces que sea sólo para mantenimiento de pastores, de hecho, nunca se menciona que sea para pastores, sino para uso de los sacerdotes y de los levitas en general.

El sacerdocio Aarónico, o de los levitas, que conocemos a través del antiguo testamento, fue instituido por Dios mismo en todos sus aspectos, desde la detallada construcción de la estructura e infraestructura del tabernáculo, su operatividad, así como su sistema de mantenimiento; donde el diezmo es relevante.  Este sistema sacerdotal, llegó a su fin en los albores de la era cristiana, cuando Jesús el verdadero Cordero, por siglos prefigurado, muere en la cruz del calvario, en ese momento, dice la escritura, que:

“…el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo” (Marcos 15:38)

Este notable incidente registrado en los evangelios sinópticos, es la indudable señal del fin de todo el sistema sacerdotal Aarónico, y de los medios para sostenerlo.  El diezmo  llega así a su fin, ya no hay a quienes entregárselos. “se rasgó en dos, de arriba abajo”, manifiesta una separación total, no quedan unidas en nada. Es apropiado señalar que este quiebre total y definitivo es a lo único a lo que se le pone fin, de todas las leyes del antiguo testamento, todas las demás rigen hasta hoy, solo el velo del templo, centro de los sacrificios realizados por los sacerdotes, se rompió.

En el nuevo testamento, no existe un nuevo orden sacerdotal, ni menos pastoral, se menciona en la epístola a los efesios que el Señor:

“Constituyó a unos, apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4;11).

Esta es una de las cinco menciones, que en el nuevo testamento se hace de los pastores; todas en relación con las funciones eclesiásticas, no jerárquicas, aunque en la forma en que se mencionan, en Efesios 4, pareciera haber una secuencia de importancia que concluye con pastores y maestros, pero, en ningún caso como a una orden sacerdotal. Se establece el apartar para un ministerio especifico a diáconos (hechos 6:1-6) y ancianos a través ordenación, por imposición de manos, pero nada se dice de los pastores. 

No obstante lo expuesto,  la iglesia debía tener un sustento financiero para el cumplimiento de su misión, y es el apóstol Pablo, quien lo confirma diciendo:

“Así ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio”,  (1Corintios 9:14) 

En primer lugar se dice: a los que anuncian el evangelio, vale decir todos quienes lo hacen, en algún grado de proporcionalidad seguramente, pero no dice que sólo a pastores, porque no solamente ellos anuncian el evangelio así como en el sostén de sacerdocio levítico, los diezmos no eran sólo para los sacerdotes.

En segundo lugar, el mismo apóstol es el que dice:

“Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.  (1 Corintios 16:2).

Este “ponga aparte algo” es en otras palabras; voluntario, no un porcentaje, ni el 1% ni el 10%, como, nuevamente el apóstol dice:

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 corintios 9:7).

Reafirma el concepto de voluntariedad. Ahora bien, podría, sin lugar a duda, el creyente, determinar voluntariamente, entregar un diezmo, y digo entregar, pudiendo también decir devolver, porque entendemos que todo es de Dios y que, por tanto, nada podemos darle.

Definitivamente, no hay en el nuevo testamento alusión, instrucción, recomendación, ni establecimiento de un sistema sacerdotal terrenal, que justificase la instauración del diezmo, ni el apóstol Pablo habiendo sido judío y fariseo, se refiere en sus epístolas al diezmo. 

Sin embargo, la epístola a los hebreos que se cree escrita por Pablo, nos enseña de un Sumo Sacerdote que ministra en un santuario en el cielo y que intercede por nosotros, Jesús,  Él  es Sacrificio,  Él es Sumo Sacerdote, Él es todo, Él es suficiente, quizás por ello, no se hace allí, referencia a la existencia de sacerdotes,  y no sé si será muy  rebuscado y acomodaticio   hacer uso aquí, del texto de Pedro que dice:

“Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncies las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Tendríamos en el cielo el santuario y al Sumo sacerdote, y aquí a todos los creyentes que anuncian el evangelio, considerados como reyes y sacerdotes, y ante la necesidad de ser sostenidos, fundamentar así la continuidad del diezmo revalidando la invitación que el Señor le hiciera a Israel. 

Si la invitación es la de Pablo, y voluntariamente entregas lo que propones en tu corazón pudiendo ser un diezmo, o es la continuidad de la invitación hecha a Israel, entendemos que toda invitación puede ser aceptada o rechazada. En el caso de la invitación a diezmar, a quien la acepta, Él le hace una promesa de abundante bendición, que no debe ser entendida como compensación, porque muchos miles y millones que no diezman son bendecidos igualmente, y cuando Él con anterioridad a esta invitación les reclama que le han robado en los diezmos y ofrendas, es porque ellos habían aceptado esta invitación, pero no lo hacían. Habían incumplido un pacto, Quizá, convenga recordar las palabras del sabio Salomón:

“Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Eclesiastés 5:5).

O que acepte esa invitación por un período de tiempo limitado o renovable. Si así se decide, comprobar el cumplimiento de su promesa fiel, que en la práctica, es el testimonio de muchos, y lo convierta en un dador alegre, bendecido y agradecido.

Pero la promesa cierta es que habrá, tal como en el pasado, un sacerdocio y reinado, como el de Melquisedec, como el de Jesús, Rey y Sumo sacerdote, el de los salvados por gracia que en el proceso de restauración serán como Melquisedec,  como y con Jesús, Reyes y sacerdotes:

“Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6)    

Este será el último sacerdocio y reinado; el de los redimidos después, solo un reinado Eterno.

 

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